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La ansiedad
"A la ansiedad podríamos compararla
con el agua de un río; si intentásemos controlarla poniéndole un dique de
contención en un punto de su cauce, seguramente, rebosaría desbordándose y
creando uno o varios cauces nuevos. Del mismo modo, nuestra ansiedad tenderá a
abrirse camino creándonos nuevos trastornos cuando hayamos superado alguno. Así,
el fumador que abandona su hábito probablemente se encontrará con otros o con
obsesiones y ansiedades que antes no tenía; quien supera la agorafobia suele
encontrarse con multitud de obsesiones; quien supera una obsesión suele
encontrase con otra, y así sucesivamente. Por fortuna, a diferencia del agua de
un río, la ansiedad podemos controlarla, e incluso erradicarla por completo,
gracias al conocimiento. Conociéndonos a nosotros mismos y aprendiendo de
nuestras experiencias, mediante la meditación y la conducta adecuada, podremos
controlar nuestra ansiedad y disfrutar de la paz que conlleva".
Del libro "Meditación práctica, aquí y
ahora"
La ansiedad es una herramienta con la que muchos
seres vivos, y más concretamente los humanos, respondemos ante determinados
acontecimientos con la finalidad de sobrevivir. Cuando las personas
experimentamos ansiedad todo nuestro organismo se prepara para afrontar un
evento que consideramos como peligroso para nosotros, y el grado de ansiedad que
experimentamos, en cuanto a intensidad de las sensaciones que experimentamos
como consecuencia de esa emoción, está directamente relacionado con lo
peligroso que nosotros creamos que es el evento que nos la causa, pudiendo ser
ese evento real o, simplemente, producto de nuestra imaginación. Así, cuando
percibimos que estamos frente a un peligro, como pudiera ser un vehículo que se
dirige hacia nosotros, por citar un ejemplo, nuestro organismo segregará
sustancias tales como la adrenalina y noradrenalina, que aumentarán nuestro
ritmo cardiaco para que así circule la sangre más rápidamente por las partes
de nuestro cuerpo que más lo necesitan ante un peligro inminente, como
pueden ser, en ese ejemplo, los músculos necesarios para movernos de allí inmediatamente y
ponernos fuera del alcance del vehículo. También respiraremos más
aceleradamente, para poder aportar la energía necesaria mediante el oxígeno
para realizar ese trabajo; notaremos angostura en el estómago, lo que debe
tener su relevancia ante ese tipo de eventos; y, en definitiva, el conjunto de
cambios fisiológicos con los que habitualmente, y a través de la historia,
nuestro organismo y el conjunto de nuestro ser se ha servido para ayudarnos a
afrontar todo tipo de peligros. Sin embargo, y debido a las peculiaridades de
nuestra psique, especialmente de nuestra imaginación, en muchas ocasiones la
ansiedad se convierte en una fuente inagotable de sufrimiento para las personas
ya que, del mismo modo que una persona respondería con el mismo grado de
ansiedad si , verdaderamente, se dirigiera un vehículo hacia ella, que si,
sencillamente, se lo pareciese, toda vez que las personas imaginan que corren un
determinado peligro, con fundamentos reales o ficticios, experimentan ansiedad,
proporcional a lo peligroso que creen que resulta para ellos el evento que su
imaginación a tenido a bien traer a su mente. Así, por ejemplo, alguien pude
pensar que una persona está hablando mal de él, y no crearle ansiedad o
crearle muy poca, porque considere que la opinión de esa persona carece de importancia
en su vida; y pude experimentar muchísima ansiedad si habla mal de él otra persona a la que, por cualquier motivo, aunque sea infundado, considere muy
importante su opinión respecto de él.
Por determinadas circunstancias (ambientales,
genéticas, de aprendizaje, etc.), unas personas son más tendentes a
experimentar ansiedad de forma cotidiana que otras. Por uno u otro motivo, estas
personas aprenden a detectar peligros con mucha facilidad, aunque sólo existan
en su imaginación; y su organismo reacciona con celeridad desencadenando las
sensaciones típicas de la ansiedad, las cuales las experimentan con mucha
intensidad, especialmente las personas que sufre trastorno de pánico.
La ansiedad patológica crea muchos trastornos, como
las obsesiones, depresiones, pánico y agorafobia y otros que afectan al
comportamiento produciendo trastornos alimenticios, adicciones, etc.
A mi modo de ver la ansiedad nace de la
ignorancia, y se extingue con el aprendizaje. Existen numerosas terapias
convencionales para
superar los trastornos que ésta produce. De entre esas terapias yo me inclino por las
cognitivo-conductuales, en combinación de los fármacos adecuados y supervisados por un
buen psiquiatra.
No obstante, a mi juicio, el modo más global de aprender a superar
la ansiedad es mediante la práctica de la Meditación, Samatha y Vipassana.
Con Samatha aprenderemos a serenar la mente lo suficiente
como para poder concentrarnos y observar adecuadamente la naturaleza de las
cosas, aplicando así Vipassana que nos enseñará verdaderamente cómo son nuestras sensaciones, emociones,
pensamientos y conductas, y cómo podemos cambiarlas por otras utilizando el pensamiento
intuitivo y la conducta adecuada.
Con ello la ansiedad no sólo cede, sino que además no se
deriva a otras áreas de nuestra vida; pues, uno de los grandes inconvenientes
que presenta la ansiedad es que tiende a expandirse, como si del agua de un río
se tratase, hacia otras áreas cuando se corta su cauce normal.
Ansiedad y Desánimo.
La
ansiedad tiene entre otras la cualidad de conducir al desánimo, tristeza o
depresión. Es común que cuando ansiamos frecuentemente nos desanimemos con
mucha facilidad, y pensemos entonces que nada vale la pena, que todo está
perdido ya. Cuando nos encontramos bajo la influencia de esa emoción de la pérdida
somos incapaces de experimentar nítidamente otras emociones como la alegría,
el amor, etc; y nos cuesta un trabajo enorme realizar cualquier actividad, por
minúscula que sea.
Según
mi experiencia personal, y coincidiendo con las enseñanzas budistas al
respecto, eso se debe a que cuando experimentamos ansiedad de forma regular,
anisamos “cosas” de forma regular, y de forma regular vemos cómo no
conseguimos esas cosas que tanto ansiamos y, consecuentemente, nos desanimamos.
Cuantas más común es en nosotros ejercer esa ansiedad, esa acción de ansiar,
más común lo es, a su vez, desanimarse, pues lógicamente, no por el mero
hecho de ansiar cosas las podremos obtener.
Por
ejemplo: Por mucho que ansiemos que no nos hubiese ocurrido algo en un tiempo
pasado, no conseguiremos cambiarlo, y sin embargo si conseguiremos frustrarnos y
desanimarnos.
O,
porque ansiemos enormemente aprobar un examen o ser admitidos en un trabajo, no
cambiaremos el resultado de nuestro examen, y si determinaremos el modo de
encajar un resultado indeseado, entristeciéndonos y desanimándonos por el mero
hecho de haberlo suspendido.
Eso
no quiere decir que no debamos aspirar a conseguir nuestros objetivos, pero es
preferible que para lograrlos empleemos los hábitos adecuados, de estudio y
trabajo, por ejemplo, que son los elementos que nos conducirán a conseguir esos
objetivos, y no el mero hecho de ansiar esos objetivos.
Por
mucho que deseemos un coche mejor, o una casa mayor, no la conseguiremos por el
mero hecho de ansiarla.
Para
ello deben influir otros elementos como la disposición económica o el tipo de
empleo que tengamos.
Así
pues, ansiar y desanimarse todo es uno. Por ello, alguien puede ser muy rico
económicamente, o muy guapo, y sentirse totalmente triste y deprimido, porque
desea otra cosa cualquiera, y alguien puede ser pobre y sin embargo feliz, pues
no necesita más.
Es
muy sabio el dicho: “No es más rico el que más tiene, sino el que menos
necesita”
Puede descargarse el contenido
de los libros "Del Pánico a la alegría" y "Meditación
práctica, aquí y ahora", totalmente gratis pinchando
sobre su fotografía.

"Meditación práctica,
aquí y ahora" es un tratado de meditación que incluye aplicaciones
prácticas y consejos contra la ansiedad el tabaquismo, la depresión, la fobia
social, las obsesiones y la agorafobia.
"Del pánico a la alegría" es
el relato personal de un recorrido a través de la emociones.
Comentarios sobre el Libro "Del pánico a
la alegría"
A algunas personas la lectura de este libro, en el que se
narra con todo detalle las sensaciones, pensamientos, y síntomas en general de
alguien que sufrió trastorno de pánico y agorafobia, les resulta desagradable
su lectura, pues despierta en ellos sus propios miedos, dificultándoles en
muchos casos la comprensión del contenido de este libro sin que se puedan
aprovechar de sus beneficios.
Por ese motivo incluyo en este apartado comentarios sobre los
distintos capítulos, con los que intento informar al lector para un mayor
aprovechamiento de su lectura.
En el primer capítulo "Seis
años de agorafobia", se narra cómo comienza este trastorno en una persona
cualquiera; describiendo, con todo lujo de detalles, qué se siente durante una
crisis de pánico. Esto puede parecer poco trascendente para personas qué saben
bien qué les ocurre, cual es el nombre que reciben sus síntomas, etc. Sin
embargo, estas cuestiones resultan de suma importancia para las personas que
sufren este terrible mal sin ni tan siquiera saber cual es nombre, para poder
buscar información, dirigirse a los especialistas adecuados, etc., y tener de
ese modo más al alcance una posible solución. Se mire por donde se mire,
siempre es mejor saber qué es lo que se tiene y poder hacer algo al respecto,
que permanecer inmerso en el pánico y la agorafobia, o en las obsesiones y la
depresión, sin tan siquiera saber qué es, de qué conocimientos y avances
dispone nuestra sociedad al respecto, cómo podemos solucionarlo, etc.
Hasta hace poco más de una década no había un nombre ni un diagnóstico
adecuado para este mal, con lo que difícilmente podía haber soluciones. Bien,
pues, hoy por hoy, aún son muchísimas las personas que sufren este mal, años
y años, sin tan siquiera poder llamarlo por su nombre, debido al
desconocimiento que, en general, existe sobre este tema. Por todo ello es que se
describen los síntomas, en este caso los que fueron los míos, de un
agorafóbico tan detalladamente, aun a pesar de que a muchos con este mal les
cause malestar su lectura.
En este primer capítulo, la narración continúa mostrando, detalladamente,
los procesos y cambios que puede experimentar una persona cualquiera tras sufrir
una crisis de pánico, como es: cómo comienza a limitar su vida condicionado
por el terror que ha experimentado, o el peregrinaje que comúnmente inician las
personas que ha sufrido ese sock y sus consecuencias, visitando médicos y más
médicos en busca una posible solución a su problema, y que, en muchos casos,
como fue el mío, sufren los abusos del desmedido ansia de dinero y
reconocimiento de muchos de estos profesionales. Así, por ejemplo, se narra
cómo mis síntomas fueron tratados durante años por médicos
otorrinolaringólogos (a muchos otros agorafóbicos los tratan indebidamente
otro tipo de especialistas sin importarles demasiado el hecho de que no son
ellos los más adecuados para tratar ese mal, yo muestro mi experiencia como
referente), en lugar de psicólogos o psiquiatras como correspondía, pagando
por ello importantes sumas de dinero, y sometiéndome a tratamientos que, lejos
de ayudarme a solucionar mi problema, contribuyeron a empeorarlo, llegando
incluso a someterme a una intervención quirúrgica totalmente innecesaria e
irrelevante en el tratamiento de este mal. Pero con ello no pretendo mostrar que
fui una víctima de la sociedad, ni mucho menos, de hecho pienso que la sociedad
es víctima de su propia ignorancia. Con ello quisiera abrir los ojos a otras
personas que se encuentren en los comienzos de su agorafobia, fase en la que la
información juega un papel importantísimo, pues mediante ella se podrían
solucionar y prevenir la mayoría de los casos, intentando con ello colaborar
para que no cometan los mismos errores y caigan en las mismas trampas que tantos
otros hemos caido.
Centro todo ese primer capítulo en una detallada descripción del
sufrimiento de un agorafóbico, también como denuncia, con la esperanza de que
tal vez así pueda mostrar un poco más al público, no sólo con agorafobia,
sino al público en general, la realidad de quien sufre este mal. Tanto para
hacer ver el alcance del sufrimiento y limitaciones que conlleva como para
denunciar la caótica situación sanitaria en que se encuentran quienes lo
sufren, con un panorama en el que el desconocimiento y el desinterés son los
protagonistas. Cómo me gustaría hacer llegar este mi libro, que tanta angustia
ha causado su lectura a algunas personas sensibles, al ministerio de sanidad, y
que allí causase al menos la mitad de impresión que a estas personas, quizá
así se pondrían manos a la obra y formarían adecuadamente a personal y
centros sanitarios para tratar este trastorno con la importancia que merece, y
no como si no fuese nada, por tratarse de ansiedad.
Como libro de autoayuda propiamente dicho, ya en este primer capítulo,
aparte de este intento de reconocimiento general e identificación del trastorno
por parte de cualquier lector con la valiosa ayuda que personalmente creo que
puede aportar, se muestra claramente cómo atajar una de las principales
barreras de muchos agorafóbicos: El ruido.
Casi todos los que han experimentado crisis de pánico de forma recurrente o,
aun sin ser de forma recurrente, a quienes sus crisis de pánico han cambiado
sus vidas, han experimentado entre sus síntomas una especie de ruido o zumbido
en sus oídos que les resultan aterradores, evitando por ello en numerosas
ocasiones todo tipo de actos y situaciones en las que el ruido, a un volumen
normal para cualquier otra persona, para ellos supone una barrera infranqueable.
Hay que tener en cuenta que un tanto por ciento muy considerable de personas con
agorafobia tienen como principal dificultad el temor al ruido y a los
"mareos" que junto a él aparecen en muchos casos, tema que también
se trata en este capítulo, así como parte de su solución (ejercicios de
reeducación vestibular consistentes en movimientos que producen mareo, como
girar, moverse rápidamente hacia un lado y hacia otro, etc.)
Han de saber todos, que por ese temor al ruido, además de por la incomodidad
de los acúfenos que se le suelen formar a quienes presentan estos síntomas, se
han creado multitud de centros, terapias, y aparatos para vender a quienes
sufren esos síntomas, para, supuestamente, solucionar ese problema.
Normalmente, esto lo llevan a cabo médicos de otras especialidades que nada
tienen que ver con la psicología o psquiatría, que es a quienes corresponde
tratarlo, cobrando considerables sumas tanto por los tratamientos como por los
aparatos. En este primer capítulo se describe claramente cómo eliminar los
acúfenos y el temor al ruido sin que cueste ni un euro, explicando en qué
consiste un acúfeno, qué es el ruido blanco, y cómo pueden emplearlo gratis
para su curación.
Pero además de mostrar todo esto, ya en este primer capítulo se indica que
la enfermedad, o mejor dicho, el trastorno, con las depresiones y obsesiones que
de que suele ir acompañado, tiene solución, como fue en mi caso y cuyo
seguimiento continúo en los demás capítulos.
"Meditación práctica, aquí y ahora"
En términos generales, comprensión denota entendimiento, en muchas
ocasiones como consecuencia casi exclusiva del razonamiento. Del mismo modo,
meditación significa, entre otras, reflexión, razonamiento. Sin embargo, ambos
términos tienen, además, un significado mucho más amplio gracias a la
experiencia del ser. Cuando tenemos una vivencia cualquiera la experimentamos, y
de la correcta observación de lo que acontece en esa experiencia surge en
nosotros la comprensión. A esa correcta observación que da como resultado la
comprensión de la experiencia podemos denominarla meditación en el sentido de
su práctica. Esta comprensión, que es mucho más profunda que la surgida del
razonamiento, resulta a la medida de nuestra capacidad de entendimiento y
concordia interior, lo que nos calma y serena, disponiéndonos a su vez para
realizar nuestra capacidad de júbilo. No está, en absoluto, reñida con la razón,
la lógica y el entendimiento; lejos de ello se sirve de estos para ser mayor.
Sin embargo, va mucho más allá haciéndonos comprender lo subjetivo de forma
empírica, aunque con nosotros mismos como laboratorio de ensayos. La herencia
generacional, los aprendizajes y circunstancias socio-culturales y la voluntad
de cada cual juegan papeles muy importantes para definir y diferenciar a cada
individuo; sin embargo, el paradigma de la mente humana es común,
fundamentalmente, a las personas en general. Por ello, el propio conocimiento
interior brinda a su vez el conocimiento de los fundamentos de la psique en
general; las mismas reglas se cumplen en los seres humanos comúnmente a este
respecto, resultando condicionados por ansiedades y deseos. Por lo que, salvando
algunas diferencias individuales como pueden ser el estado emocional de la
persona, la capacidad de aprendizaje y aplicación práctica, y otras referentes
a la salud mental y física de cada quien, las personas en general pueden
servirse de similares directrices y patrones de aprendizaje para desarrollar
tanto su capacidad de comprensión como sus habilidades para esto, y disfrutar
así de los beneficios que en forma de bienestar emocional pueden obtener de
ello, y por ende del bienestar físico que les puede aportar, pues, como
sabemos, la salud mental y la mejora emocional son sumamente beneficiosas para
la salud física en general. También gozarán de los beneficios sociales y
ambientales que comporta ese bienestar emocional, pues cuando nuestro ánimo es
óptimo, nuestra conducta adecuada y nuestra comprensión correcta, nuestra
relación con las personas, seres vivos y naturaleza en general resulta mucho más
armoniosa y bella.
Muchos son los hombres que a lo largo y ancho de la historia han buscado
la paz interior de la mano del conocimiento y la comprensión, pues el
sufrimiento y el deseo de erradicarlo puede que sea tan antiguo como la propia
humanidad. Grandes maestros han servido de guía a través de los siglos a
innumerables personas en su recorrido interior y por la vida en general; gracias
a ellos, y al legado de sus discípulos, seguidores y estudiosos en general,
muchas personas, por no hablar de la humanidad en general, han podido orientarse
entre la confusión que la vida, la experiencia en general, comporta.
“Meditación práctica, aquí y ahora” es, en cierta medida, la
continuación del libro “Del pánico a la alegría”, en el que se narra mi
experiencia personal con distintos trastornos emocionales y con la superación
de los mismos, especialmente con el denominado trastorno de pánico con
agorafobia, y también con las obsesiones y la depresión. En él se muestran,
de forma empírica, resultados y formas de las terapias que actualmente se
desvelan en occidente como las más adecuadas para superar los trastornos de
ansiedad en general, en especial la denominada terapia cognitivo-conductual, así
como una buena muestra de los grandes aspectos que tienen en común con las
milenarias tradiciones budistas en general, las cuales, si bien resultan más
completas y elaboradas para la erradicación del sufrimiento emocional, como
para la salud mental en general, no distan en exceso de la aplicación en el
individuo con la misma finalidad de las terapias mencionadas, tal como muestra
mi experiencia. Si bien hay grandes e importantes diferencias por salvar, todo
parece apuntar hacia un consenso en el que ciencia y tradición coincidan en los
mismos principios, medios y objetivos en este área, ya marcados hace unos dos
mil quinientos años por la segunda, lo que no exime que el método y
reconocimiento de que goza la ciencia puedan resultar sumamente beneficiosos
para el saber humano y para la divulgación y prácticas entre las gentes de
dichos conocimientos, lo que tendría una basta repercusión.
Sirviéndome de algunos manuales, así como de los consejos de algunos
profesionales sanitarios, desarrollé ciertas habilidades que, junto con otros
aprendizajes que hube obtenido de la vida y la experiencia en general, como son
la renuncia a distintas formas de ego, a tenencias insustanciales e
insatisfactorias, y a la búsqueda de la felicidad en la sencillez, me sirvieron
no sólo para erradicar el sufrimiento emocional que mis trastornos o las
ansiedades cotidianas me creaban, sino para disfrutar, además, plena y
felizmente de la vida en general.
En este libro trato de enseñar las técnicas que desarrollé, así como
distintas aplicaciones para superar algunos de los numerosos trastornos y hábitos
nocivos que azotan a la sociedad actual (si bien, no creo que difieran mucho de
los de otras sociedades más antiguas). También se tratan en él técnicas y
aspectos de meditación más avanzados, pues dado que el camino de la superación
del sufrimiento es largo, se distinguen en él dilatadas etapas. Este libro
trata de ofrecer una visión de esas etapas, partiendo de estados emocionales en
los que la ansiedad y el temor recurrente gobiernan la existencia del individuo,
y avanzando hacia estados en los que la ansiedad y el deseo en general dejan de
existir como tales y la felicidad es duradera.
Dichas técnicas son el resultado de lo que aprendí practicando la
exposición y el cambio de pensamientos para la superación de los miedos en
general, orientado principalmente por la psicología cognitivo-conductual, el
psicoanálisis y la ciencia en relación a la evolución. No puedo decir que
pertenezcan a ninguna tradición o linaje, pues para cuando hube sabido del
budismo sabía bien lo que era el dharma, aunque no su nombre, gracias a mi
experiencia. Sin embargo, en honor a la verdad, tampoco puedo decir que no
fuera, en parte, gracias a él que las aprendí, pues cualquier técnica de
relajación, visualización, etc. que se aprenda en occidente, por elemental que
sea, muy probablemente resulte en origen de oriente, y también me serví de
este tipo de técnicas; además de haber buscado activamente el aprendizaje de
la mano de esa cultura mediante lecturas que ilustrasen sobre ello, una vez que
comprendí las limitaciones de la psicología occidental respecto del
conocimiento interior.
Las técnicas de meditación adecuadas y bien practicadas, nos permiten
desarrollar una capacidad de atención y observación de cuantos fenómenos
perceptibles por nuestra atención acontecen en nuestra mente. Ello nos conduce
al reconocimiento y comprensión de esos fenómenos, lo cual, como dije
anteriormente, nos crea concordia y elimina la discordia en nosotros mismos,
capacitándonos paran realizar nuestro extraordinario potencial de felicidad.
Las técnicas que en este libro se proponen, diseñadas en base a mi
propia experiencia e influidas por la ciencia y la psicología occidental, así
como por la oriental, toman como punto de partida las sensaciones; ellas siempre
nos mostrarán cómo sentimos las cosas, las vivencias en general. Así pues,
toda sensación que podamos percibir la experimentaremos con agrado o desagrado,
según nuestro juicio. Por ello, junto a la sensación que experimentemos, en
nuestra mente podremos observar uno o más pensamientos relacionados con esa
sensación que nos desvelarán lo que creemos acerca de ella. Esos pensamientos
tendrán, a su vez, el poder de producir esas u otras sensaciones y emociones.
Es decir, si experimentamos calor y creemos que es muy nocivo para nuestra
salud, el calor nos resultará más notable y desagradable, a la vez que
experimentaremos otras sensaciones relacionadas con la ansiedad debido a lo que
creemos en relación con el calor que estamos experimentando; si, por el
contrario, creemos que resulta beneficioso para nosotros ese calor, lo
experimentaremos de un modo agradable y reconfortante.
Así,
aprendiendo a observar nuestras sensaciones, podremos aprender a observar
nuestros pensamientos, en especial los relacionados con nuestro ego, y a
cambiarlos por otros que, fruto de nuestra razón y comprensión, nos liberen
del sufrimiento que nos proporcionan los pensamientos torpes y negativos; a la
par que aprendemos a conocernos mejor a nosotros mismos y a modificar nuestras
conductas cuando resulten inadecuadas para los fines de concordia y liberación,
interior y ambiental, que perseguimos.
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